Lectores de buen gusto

martes, 27 de enero de 2015

Tu perfil, mi corazón.

Cuando no escribo aquí, no estoy en ningún sitio, pero a la vez estoy en todas partes. Escribo en las paredes de mi casa, estudio desnuda bajo la manta. Sobre todo, existo a cada instante y me pierdo en mí misma para seguir buscando.
Hembra sedienta, descarada, insaciable, rubia, voraz. Como inintermitente esclava de mis emociones, hablo sobre ellas:
Las emociones tienen un color y un sabor, un olor. El recuerdo de cómo te sentiste en aquel momento es perceptible por estos tres sentidos en tu estómago. Y duele, pero sana a la vez, ¿me comprendes? Lo recuerdas, lo vives, y siempre hay un hilo emotivo que te lleva a allí. A aquella casa, a aquel jardín, a aquel beso…
El problema es que es un color inexistente, porque no hay consciencia colectiva, solo existe para ti. Así que, ¿existe? De la misma forma que el arcoíris no es sin la lluvia y la luz del sol. Nunca nos podremos volver lo bastante rápido para poder ver cómo es el mundo cuando no lo miramos.
Si vuelve ese momento a tu mente de nuevo, sientes el mismo hueco, la misma situación y dices: "¡Oh, esto es!", y te alegras aunque se trate de 39 agujas perfilando tu corazón. Porque perfilar un corazón no es lo mismo que agujerearlo; perfilarlo es hacerlo más fuerte, ¡engordarlo! Y qué bonito es un corazón obsesivamente perfilado, como mis labios hoy, enmarcando las ansias de besarte.

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