He leído en algún lugar que la percepción del tiempo varía en cada momento, se alarga y se acorta, nunca es fija. Así que pienso que, si intento ir más despacio, quizá se relaje también ese mecanismo interno que hace que el corazón me vaya a mil y que sienta esas pulsaciones en mi cabeza, como si dentro tuviera un pistón que no se detiene nunca. Por unos minutos funciona.
Lectores de buen gusto
martes, 2 de julio de 2013
La forma de decir las cosas...
Las palabras no sólo sirven para expresar las emociones, también ayudan a distanciarnos de éstas. Pueden ser una valiosa red de seguridad, que protege los verdaderos sentimientos en sílabas forjadas concienzudamente y no en efusiva sinceridad. También pueden ser malinterpretadas, infringiendo heridas al formular en la mente del otro una falsa impresión. A veces, hay cosas que es mejor callarse.
lunes, 1 de julio de 2013
El tiempo...
El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasar, pasa.
A lo largo de los cruces de tu camino te encuentras con otras vidas: conocerlas o no conocerlas, vivirlas a fondo o dejarlas correr es asunto que sólo depende de la elección que efectúas en un instante. Aunque no lo sepas, en pasar de largo o desviarte a menudo esta en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado.
Los recuerdos tristes dormitan largo tiempo en una de las innumerables cavernas de la memoria; se mantienen allí durante años, decenios, la vida entera. Después, un buen día vuelven a la superficie, el dolor que los había acompañado vuelve a estar presente, tan intenso y punzante como lo era aquel día de hace tantos años.
Ceguera permanente.
Hay ocasiones en que no ves. No ves las cosas que tienes delante cuando lo único que buscas es la felicidad. Una felicidad que te ofusca, que te distrae, una felicidad que te absorbe como una esponja. No lo ves. Sólo ves lo que quieres ver, lo que necesitas, lo que te sirve...
Muertos en vida.
Los que mueren de verdad son los que no viven. Los que se reprimen porque los asusta el qué dirán. Los que hacen descuentos a la felicidad. Los que se comportan siempre de la misma forma pensando que no se puede hacer nada diferente, los que piensan que amar es como una jaula, los que nunca cometen pequeñas locuras para reírse de sí mismos o de los demás. Mueren los que no saben pedir ni ofrecer ayuda.
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