Lectores de buen gusto

domingo, 26 de mayo de 2013

Dejando ir.

Al parecer ya no existes, aunque de por sí el recuerdo me persigue. 
Supongo que es esa tendencia a sufrir que tenemos los seres humanos; porque jamás me enamoré de ti. Ahora que soy feliz, me parece insólito que las asocie contigo, con ese pasado oscuro que me persigue; y como tú, nadie. Insensible mentiroso. 
Puede que me este dejando dominar por el resentimiento, lo dejaré en duda. Además, ¿no querría venganza si fuese este sentimiento el que me domina? Y no, no quiero nada. A veces deseo olvidar o dejar en algún lugar lejano todo de nosotros. Quizá, en el fondo, sólo deseo restregarte lo que otra persona ha logrado conmigo o por mí. 
Es cierto, ya no debería importarme, no vale la pena, lo que no quiere decir que nosotros hayamos clasificado en ese cuadro, valió la pena, todo lo vale, por último para aprender.
Así empezamos. Al principio solamente hablábamos una vez por día. Con el tiempo, empezamos a necesitarnos. Es decir, yo empecé a necesitarlo. Y él parecía no necesitar nada. Y así acabó, ofreciéndome la mayor desilusión de mi vida...
A pesar de todo, no es su culpa.
Mi problema fue quererlo mucho y conocerlo poco.


sábado, 25 de mayo de 2013

Y aunque me cueste convencerte. Y aunque besemos otras bocas, mientras te decides. Seguirán pasando los días con ganas de verte por alguna calle perdida. Y darte dos besos, y preguntarte qué tal te va. Y preguntarme si piensas tanto en mí, como yo pienso en ti.

jueves, 23 de mayo de 2013

Me resulta difícil conocer y gustarle a alguien
que realmente valga la pena, 
y a la vez me entristece estar
por mucho tiempo sola.
Es por eso que todo me sale mal.
No amo, sólo busco compañía.
Lucha por aquella persona que amas, pero no seas egoísta y deja que de vez en cuando esa persona luche también por ti. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Sabes qué es lo más bonito de estar en este mundo? 

Escuchar tus palabras, sentir tu calor, sentir tu amor, poder besarte, poder sentirte, escuchar cada latido de tu corazón, poder saber que hay alguien dispuesto a aguantarme y a entenderme, poder confiar plenamente en ti y saber que no me vas a fallar, saber que nunca te irás de mi lado, saber que todo lo luchado y sacrificado sí valió la pena y por último, saber que sentimos y pensamos lo mismo a pesar de las diferencias mínimas que hay entre ambos.

Desastres.

Las cosas no salieron bien.
Pero rescaté algo de todo ese desastre...
Ya no siento en mi cuello la soga.
Aunque aún están sus marcas en mi piel,
sé que el tiempo las curará borrando su nombre.